Rosario Mena - No vi
domingo 5 de julio de 2009
Basura
Se encuentran en el área de servicio. Cada uno con su bolsa de basura. Es la primera vez que se hablan.
- Buenos días...
- Buenos días.
- La señora es del 610
- Y, el señor del 612
- Sí.
- Yo aún no lo conocía personalmente...
- De hecho...
- Disculpe mi atrevimiento, pero he visto su basura...
- ¿Mi qué?
- Su basura.
- Ah...
- Me he dado cuenta que nunca es mucha. Su familia debe ser pequeña...
- En realidad sólo soy yo.
- Mmmmmm. Me di cuenta también que usted usa mucha comida enlatada.
- Es que yo tengo que hacer mi propia comida. Y como no sé cocinar.
- Entiendo.
- Y usted también...
- Puede tutearme.
- También perdone mi atrevimiento, pero he visto algunos restos de comida en su basura. Champiñones, cosas así...
- Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra...
- Usted... ¿Tú no tienes familia?
- Tengo, pero no son de aquí.
- Son de Espírito Santo.
- ¿Cómo lo sabe?
- Veo unos sobres en su basura. De Espírito Santo.
- Claro. Mi madre me escribe todas las semanas.
- ¿Ella es profesora?
- ¡Esto es increíble! ¿Cómo adivinó?
- Por la letra del sobre. Pensé que era letra de profesora.
- Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por su basura.
- Así es.
- Pero, el otro día tenía un sobre de telegrama arrugado.
- Así fue.
- ¿Malas noticias?
- Mi padre. Murió.
- Lo siento mucho.
- Él ya estaba viejito. Allá en el Sur. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.
- ¿Fue por eso que volviste a fumar?
- ¿Cómo es que sabes?
- De un día para otro comenzaron a aparecer paquetes de cigarrillos arrugados en su basura.
- Es cierto. Pero conseguí dejarlo de nuevo.
- Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
- Ya lo sé. Pero he visto unos vidriecitos de pastillas en su basura...
- Tranquilizantes. Fue una fase. Ya pasó.
- ¿Peleaste con tu pololo, no es verdad?
- ¿Eso, también lo descubriste en la basura?
- Primero el buqué de flores, con la tarjetita, tirado en la basura. Después, muchos pañuelitos de papel.
- Es que lloré mucho, pero ya pasó.
- Pero incluso hoy vi unos pañuelitos...
- Es que estoy un poquito resfriada.
- Ah.
- Veo muchos crucigramas en tu basura.
- Claro. Sí. Bien. Me quedo solo en casa. No salgo mucho. Tú me entiendes.
- ¿Polola?
- No.
- Pero hace unos días tenías una fotografía de una mujer en tu basura. Parecía bonita.
- Estuve limpiando unos cajones. Cosa del pasado.
- No rasgaste la foto. Eso significa que, en el fondo, tú quieres que ella vuelva.
- ¡Tú estás analizando mi basura!
- No puedo negar que tu basura me interesó.
- Qué divertido. Cuando escudriñé tu basura, decidí que quería conocerte. Creo que fue la poesía.
- ¡No! ¿Viste mis poemas?
- Vi y me gustaron mucho.
- Pero, ¡si son tan malos!
- Si tú creías que eran realmente malos, los habrías rasgado. Y sólo estaban doblados.
- Si yo supiera que los ibas a leer...
- Sólo no los guardé porque, al final, los estaría robando. Si bien que, no sé: ¿la basura de la persona aún es propiedad de ella?
- Creo que no. Basura es de dominio público.
- Tienes razón. A través de la basura, lo particular se vuelve público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los demás. La basura es comunitaria. Es nuestra parte más social. ¿Esto será así?
- Bueno, ahí estás yendo harto lejos con la basura. Creo que...
- Ayer, en tu basura...
- ¿Qué?
- ¿Me equivoqué o eran cáscaras de camarón?
- Acertaste. Compré unos camarones enormes y los descasqué.
- ¡Me encantan los camarones!
- Los descasqué, pero aún no los comí. Quien sabe, tal vez podamos...
- ¿Cenar juntos?
- Por qué no.
- No quiero darte trabajo.
- No es ningún trabajo.
- Pero vas a ensuciar tu cocina.
- Tonterías. En un instante limpio todo y pongo los restos en la basura.
- ¿En tu basura o en la mía?
Luis Fernando Veríssimo.
viernes 3 de julio de 2009
jueves 2 de julio de 2009
Nosotros somos la vida surgiendo a la fuerza por entre las costuras de la historia.
Nosotros somos la vida convertida en mil veces mil especies y en mil veces mil ardides para oponerse a las adversidades.
Nosotros somos la vida que gana la partida en aguas imposibles saturadas de azufre y en barrios tuguriales en las grandes ciudades.
Nosotros somos las posibilidades de la vida en contra de todas las evidencias aniquiladoras y la obligación de hacer conscientes esas posibilidades.
Nosotros somos el reto ineludible de conocernos y reconocernos; de reconstruir nuestros caminos olvidados a partir de los fragmentos dispersos en la geografía y en el tiempo.
Nosotros somos la necesidad imperativa de la convivencia entre nosotros mismos y con las demás especies y procesos que comparten con nosotros este trozo de planeta.
Nosotros somos el deber de comprender y asumir que somos menos americanos y menos dignos y menos viables como seres humanos, cada vez que en nuestro continente desaparece un dialecto o una cultura o una leyenda o una especie animal o vegetal o una mancha de bosque o un ojo de agua
GUSTAVO WILCHES-CHAUX.
martes 30 de junio de 2009
domingo 28 de junio de 2009
Yo prefiero el canto a toda esa vanidad: O de mi quiebre con Nano Stern.
Cuando escuché a Nano Stern por primera vez hace poco más de un año, confieso que no lo soporté. Me pareció talentoso y terriblemente pose. No aguanté su intensidad esa tan showman, su hiperactividad tan alardeante, en fín, que no me agradó el ambiente que emanó. Cuando terminó su participación muchos de los que nos encontrábamos en el Normandie aplaudieron y se desvivieron en halagos. Hasta una de mis compañeras mexicanas dijo: “es el que más me movió por espectacular". Y sí, efectivamente, en público emana ese “no se qué” tan visceral que resulta imposible que no te cause algo.
A mí también me lo causó, pero su ser tan “externo” me molestó. No sé cómo explicarlo, pero quizá sea el efecto Delgadillo de arrastra -fans-me-tiro-por-ti-en-el-escenario el más correcto para describir mi sensación (lo siento, sigo terriblemente prejuiciada con Fernando). Muy contrario el efecto que tuve con Chinoy, por ejemplo, quien a pesar de ser abrumadoramente intenso, me pareció mucho más introspectivo,. Como si cantase para sí , convenciéndome de su honestidad. Pero quizá sea el recuerdo de unas tres chicas que en el Normandie no dejaban de gritar quejándose de los demás puesto que solo esperaban a “Nano” para irse, lo que terminó por catapultar su imagen ante mí. En fin. Me agradó infinitamente más, cuando, ese mismo día, lo observé sentado en un sillón, solitario y pensativo mientras en la fiesta del evento la casa se llenaba de hartas cosas, harta gente y pocos destacaban, en esa soledad.
Pasó el tiempo, lo vi una que otra vez, no porque lo quisiese, sino porque casi siempre tocaba acompañado de músicos que me gustaban. Por ejemplo, recién lo escuché con Fernando Milagros, en un show memorable donde Nano tocó el violín mientras se armó la algarabía. Confieso que le agarré un cierto cariño al igual que cuando lo vi en la cumbre del rock chileno, un evento, que me agradó, entre otras cosas porque –aunque con un tiempo miserable para cada cantautor a excepción de Manuel García- incluyó un espacio a ciertas nuevas voces del folk Chileno, entre ellos, Nano, Chinoy y Gepe. Para mí, una apertura peculiar en este tipo de festivales tan masivos.
Y sin embargo, de alguna manera extraña, aventándome a romper con mis prejuicios, me lancé a escuchar su disco “Voy y vuelvo”. Gran sorpresa. Me parece, sinceramente, uno de los discos más honestos , bellos y cálidos que me ha tocado escuchar y conocer por acá. Más allá de la gran explosión y externalidad que le recuerdo en vivo, este disco, está repleto de matices sonoros, introspecciones delirantes y abrumadoras y sinceras letras que me trasladan a un mundo ecléctico y autoconfesional. Cada rolita me remite a un Nano en pleno proceso de maduración, de estabilización, de preguntas y de confesiones generacionales que te tocan esa fibra tan interna y no hace más que identificarte. Quizá sea esa visión del “mundo” del que tanto hablan en sus reseñas, esa rara mescolanza de orgullo Chileno y generacional o el leitmotiv de la búsqueda de raíces propias, entre el ir, y venir, lo que me mató, tal y como lo señala, por ejemplo, en “El vino y el destino”:
“pero yo prefiero el vino que es una vieja poción que a todos nos vuelve finos y nos enseña a cantar… Ahora que canto del vino cómo no voy a nombrar a mi tierra y sus caminos, yo no lo voy a olvidar. Cerca se quedó muy lejos, lejos lo cerca, yo me vine porque quise, ahora me vuelvo”
O esa límpida confesión que contagia una melancolía aceptación del ser en "No te imaginas"
"No te imaginas cómo me siento, cuando debo partir. Cuando me miras y me doy cuenta que no me quiero ir, pero debo seguir mi forma de vivir, hay un camino largo y no puedo resistir... No me imagino lo que me espera, lo que podrá venir. Voy navegando como en un barco, ya no puedo salir, por si se llega a hundir, ahora voy a decir ... ha sido tan hermosa esta vida y no le temo a morir"
Y pues sí, admito que en Voy y vuelvo se lo creo absolutamente todo a ese Nano Stern jovial, el cantautor sonriente y despeinado. Quién diría.
La verdad es que, en ocasiones así me dan hartas ganas de pedir un sincero y cálido aplauso para Nano y tod@s aquell@s cantautore(a)s Chilenos de la generación que están haciendo un ruido peculiar que, estoy segura, revolucionará en algo, algo que todavía no sé que, para este, nuestro folk latinoamericano. ¿Qué Michael Jackson aún causa el ruído transgeneracional?. Señoras y señores, para mí, el futuro llegó y está aquí, mucho más cerca de lo que uno escucha, observa e idealiza más allá, más arribita. Las fronteras del idioma se están rompiendo y hay mucho, mucho que decir.
jueves 25 de junio de 2009
martes 23 de junio de 2009
domingo 21 de junio de 2009
Como un escenario vacío
Anoche, dormí dos minutos mientras esperaba. Cansada y agitada después de un largo y extraño día, decidí sentarme, a lo lejos y solo escuchar, esperar a que se presentara. Llegué medianamente temprano, después de dos micros, dos taxis y una larga caminata tras perderme en pleno centro de Santiago y en sitios poco gratos. Que aquí, que allá y la boba de mí sin haber corroborado el lugar, pero sí haciendo mapas incalculables de rutas de buses al regreso y de otra posible estancia.
Al final, llegué justo y resultó temprano. Muy temprano. El frío se colaba tras la fila, me hizo colocar los guantes, amarrar el paraguas a mi bolso, y colocar el gorrito de estambre en mi cabello húmedo que no seca con el frío invernal. Una pareja, muy agradable me hizo compañía e intercambiamos ligeras impresiones de las pocas personas que se encontraban en el lugar. Llegué a la hora, como dije, e imaginé que sería de las últimas, que ya no habría cupo y que para la próxima tendría que verificar todo de manera obsesiva si es que no quería que pasara lo mismo. Pero no fue así. Tras muchas vueltas y una minicharla con el taxista acerca de mi estancia breve en el país, llegué, bajé y me acurruqué junto a la pareja. Me agradaron harto y no podía dejar de observarles, de escucharles. Me gustó su complicidad, sus sonrisas de amigos infinitos y ese no-se-qué tan peculiar que tienen esas parejitas que sabes tienen posibilidades para mucho tiempo y deseas que sean amigos tuyos toda la vida. Es curioso, pero ese no-se-qué, me ha pasado, en la mayor parte de los casos, aquí en Santiago. En fín, avanzamos después de media hora de esperar. Crucé el largo trecho hasta llegar a un espacio grandísimo en el almacén convertido en centro cultural. Una larga lengua me dio la bienvenida y me dispuse a sentarme en gradas que se hallaban al final de la estancia. Me senté, en una decisión rara dada mi peculiaridad a estar lo más cerca, pero estaba cansada, muy cansada. Subí hasta la última y a mi lado, se acomodaron un chico y una chica que, también, acudieron en solitario.
Pasó el tiempo, dormí por dos, tres minutos tras una larga espera. La Mena nunca llegó dado que se accidentó. Y eso me permitió soñar, rápidamente, en una vida feliz y obtusa. Dormí, desperté y observé los peculiares hilos de humo tras el cigarro del vecino. Me dieron hartas ganas de fumar, y si no fuese por mis pulmones endebles, seguro lo haría con este frío maldito que te permite hacer todo tipo de cosas para calentarte las memorias y el cuerpo.
Desperté formalmente, y tras unos breves destellos en las mariposas del escenario, empezó el evento. Ninguno de los tres cantamos; únicamente sonreímos y marcamos el ritmo con las piernas. Veíamos las camaritas de los que decidieron postrarse ante el escenario y aplaudíamos ocasionalmente.
Tenía guantes, había frío y por primera vez, me sentí en casa, al menos en cuanto a eso de los ambientes, del público y qué se yo. Medité hartas cosas. Por momentos una especie de paz interior reflejó mi cuerpo, y pensé en todo lo bueno que me ha sucedido, en las experiencias, en las intensidades y eso... Recordé, cuando A. y D., amigos que viven en el DF, me llamaron desde algún concierto, ambos por separado, y en canciones distintas, para hacerme escuchar el ambiente cuando estaba, tan lejos, en Mérida y moría de ganas de ir. En aquél instante, en mi flashback, recordé a otra(s) -sí, a tí en particular- que valoro mucho, y quise hacerlo: llamar, justo en aquél instante, lugar, concierto. Y sonreí, meditando que en algún instante lo hubiese hecho, si tan solo contara con celular y valor espontáneo para compartir el amor por el arte y nuestra música. ¿Hay algo más que una complicidad incondicional?. Valor, puto valor y un maldito orgullo que no cesa de repetirse a sí mismo.
Al final, todo terminó, pero aún sigo plantándome dudas irremediables en cada paso, nota y resplandor ajeno que me recuerda a todas aquellas personas que comparten y han estado conmigo en situaciones de todo tipo. Esas cómplices de vida que, en cierta forma, quisiera estuviesen aquí, allá, riéndose del ruído o las canciones indescifrables mientras pienso en ellas y en lo mucho que la vida nos ha regalado juntas. Todo como un pretexto.
Porque fuera de eso, del estar, y del compartir, sinceramente, mucho me sabe como un escenario vacío.
domingo 14 de junio de 2009
Nuestra Elizabeth y una de las canciones más bonitas que escuché, alguna vez..
.

Guardo en el corazón,
Un tesoro desenterrado en nuestra infancia,
Y un girasol.
Guardo el color de un ocaso en verano.
Busco al amanecer, un cometa encumbrando sueños,
Busco donde poder celebrar el fin del invierno,
Busco para encontrar un espejo, un timón y un viento que me guíe, hacia otro mar,
Para poder continuar navegando,
Hacia otro mar.
.
.
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viernes 12 de junio de 2009
¡Oh, Joe!
El año pasado, durante el día de la tierra, asistí a un concierto que se hizo en la Quinta Normal. Se presentaron decenas, pero me interesaban, o, más bien, conocía a unos cuantos. Total, en medio de la deshidratación, mi desesperación porque tenía que quitarme tempranísimo debido a miles de pendientes, trabajos y un concierto de Manuel García sinfónico, - al cual tampoco asistí -, me encontré rodeado de miles de chiquillos y chiquillas (como dicen acá) bailando al ritmo de un sujeto que, también a mí, sin conocerle, me hizo bailar y hasta corear canciones que desconocía. Con un grupo musical de ensueño y un sonido espectacular, había recién desempacado de no-sé-que lugar de Europa y esa era, su presentación del reencuentro con Chile.
¿Quién es él? ¿Quién es él?. Yo no podía parar de emocionarme y de preguntarme .. Pero .. ¿Qué carajos?. Me sentí tan ajena a ese mundo, pero a la vez TAN Ansiosa por saber, quien era y el porqué de su encanto ese tan peculiar que me contagiaba a mí y a básicamente TODOS. Afortunadamente duro más de media hora tocando con su banda, deleitándonos con ese, su sabroso agasajo musical -severamente –ecléctico: tan latinoamericano, tan jazz, blues, fusión y todo lo demás. Un inclasificable absoluto. Al final, dentro de las rolas que tocó estaba esa maravillosa de Congreso que tanta paz me había traído en ciertos momentos de mi existencia en Santiago “Hijo del Sol luminoso”. Para mis adentros, y en mi profunda ignorancia, me dije: Qué chingon, ¡Hace un cover de Congreso!. Y bueno, contenta, plena y encantada, por fin descubrí, que aquél hipnótico músico era nada más y nada menos que Joe Vasconcellos.
Ni tarda ni perezosa me descargué su disco y comencé a leer acerca de él. Entre Brasileño, Chileno, y como ex - integrante de congreso, autor, entre otras de “hijo de sol luminoso”, supe, también, a raíz de comentarios de diversos actores por acá que tenía una huella interesante en el repertorio musical y social Chilena. Un amigo, por ejemplo, me decía: “mi hermano es repunk, pero a Joe Vasconcellos se lo banca, se compra sus discos, canta sus canciones: fuera de eso, es totalmente punk” y cosas por el estilo. Y bueno. Más allá de miles de cosas obvias, conocerle fue “aire puro” dentro de mi estancia por acá, y en general me amplió, tantito más mi escaso repertorio musical Chileno, haciéndome preguntar, nuevamente, ¿alguna vez podremos integrarnos los Mexicanos y los Sudamericanos en algún lazo artístico fraternal?. Je, qué cosas. Divagaciones tontas, pero que siempre me causan ruido. Y es que, sinceramente, ver a Joe Vasconcellos en vivo es realmente una explosión, una delicia que es mejor no perderse cuando se tenga oportunidad, con su sonoridad que te remueve TODO. Pura brillantez. Y además es so hot ...
Diego Peralta - Sin Ninguna Bala (Videoclip) from Daniel Peralta on Vimeo.
Detalles que se generalizan, a donde quiera que camines con atención.




